CAPÍTULO LIII (fragmento)
AQUIS SUBMERSUS
(ERNST)
Una vez más, Corostic miró el cristal del invernadero, decenas de metros debajo. Pero sus ojos afiebrados por la locura no vieron esos paneles, sino la imagen del Ojo del Silencio, en las cercanías de Metzadir; el estanque al que nunca se había arrojado. Sintió una vibración desconocida en sus piernas, y saltó…
Al entrar en posición vertical en el agua, sintió el latigazo de la piel contra la superficie, el hormigueo de miles de agujas en sus muslos y casi inmediatamente una frescura indescriptible que lo arrastró suavemente hacia las profundidades.
En el piso cubierto de vidrios destrozados, Abel Corostic yace con la mitad inferior de su cuerpo seccionada. Se desangra rápidamente, pero en su delirio está bañándose en las aguas templadas del Esmeralda, el lago alimentado por el río que nace en el volcán Tronador. La última imagen que creen contemplar sus retinas es la misma que vio hace años, desde un avión, en las cercanías de Pucón, Chile: el Villarrica, el Quetrupillán y, al fondo, el Lanín, los tres majestuosos volcanes alineados como en una constelación.
Los volcanes Villarrica, Quetrupillan en Chile y Lanin en Argentina. Foto: @RecorriendoMon